El Primicerio y el «primativo»
Don Francesco Filippo Indellicati (1767-1831) era el Primicerio de Gioia del Colle: un canónigo que guiaba la comunidad eclesial como primero entre iguales, y un atento conocedor de la botánica.
En aquella época las vides se cultivaban sin orden, con variedades distintas en el mismo viñedo. Indellicati se fijó en una que se comportaba mejor que todas las demás:
La que mejor se adaptaba a las tierras rojas y daba un fruto precoz, abundante y excelente.Giuseppe Musci, Il Primativo di Gioia, 1919
Maduraba entre finales de agosto y la primera quincena de septiembre, antes que las demás. Por eso la llamó primativo, del latín primativus: el nombre que se convertiría en primaticcio y después en Primitivo.
Por qué precisamente esta vid
El Primitivo brota tarde, y así escapa a las heladas de primavera. Madura pronto, y se vendimia antes de que lleguen las lluvias y las nieblas del otoño. Dos cualidades que, en las tierras rojas de la Murgia, marcaban la diferencia entre una cosecha sana y una cosecha perdida.
Los ocho cuarteles de contrada Liponti
Tras una cuidadosa selección, el Primicerio multiplicó la vid por esqueje y plantó ocho cuarteles en la localidad de Liponti, llamada también Carrara o delle Carrare, en la contrada Terzi de Gioia del Colle. Es la primera viña en monocultivo de Primitivo de la que existe un testimonio histórico.
Desde aquí, en las primeras décadas del siglo XIX, el Primitivo se extendió por los alrededores de Gioia y por la zona de Bari; hacia finales de siglo llegó a Manduria y a la zona de Tarento, a la Daunia y a la zona de Matera.
La estela de 2004
El 19 de mayo de 2004, el Ayuntamiento de Gioia del Colle colocó en contrada Liponti una estela de piedra del artista F. Cotrufo. En una cara, un bajorrelieve muestra las manos del Primicerio plantando una vid de Primitivo; en la otra hay grabados unos versos de la Ballata del vino generoso de Nunzia Sala Bianco.
Hoy la estela recibe a quien entra en la viña.
La filoxera y el regreso
Entre finales del siglo XIX y mediados del XX, la filoxera destruyó casi todos los viñedos italianos, y se perdió el rastro de la viña del Primicerio. El terreno pasó a la familia Benagiano, que plantó en él una nueva viña en los años cincuenta; después llegaron años de abandono.
En 2010, Vincenzo Benagiano devolvió el Primitivo a contrada Liponti, solo con barbados certificados. Desde 2018 la viña es de su hija Stefania, y desde 2019 su vino lleva un nombre que lo dice todo: Nascìddò, en dialecto de Gioia, «nació aquí».